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Full text of "B. Bossi 1871 Roma Y El Papado"

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ROM 


POR 


B. BOSSI 





IS^O^TTE^riIDEO 
Imprenta de La Tribuna, 25 de Mayo n. 128 

1871 


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ROMA 

(CAPITAL DE ITALIA) 

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Imprenta de La Tbibüka, 26 de Hay* n. 128 

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I 


Osons dire la vérité. II ne s'agit pts seulement 
d'affranchir Tltalie, mais bien de faire ce qui n'a 
jamáis existé un seul jour, créer une Italie; voilí le 
probléme. Ponr le résoudre, deux conditions sont 
d’abord nécessaires : abolir le domaine temporel et 
chasser Tétranger. Ces deux fai»s sont soiidaires 
l # un de Pautre; et il est insensé d'espérer que le 
second s’accomplisse jamai*, si Pon ne se décide i 
consentir au premier; car la raison se refuse i 
concevoir comment PItaiie peut étre affiranchie de 
Pétranger, en gardant k Rome pour souverain le 
pape, cest-á-dire, Péternel étranger, qui, s'ilest 
quelque chose, est la négation meme de Pidée de 
patrie. Vous voulez guérir un blessé en péril de 
mort; ne lui laissez pas du moins ce fer sacró daña 
la plaie. 

E. Quihbt. 


I 

Vos mismo, Señor Yéregui, lo habéis dicho : no hay cosa mas atre- 
vida que la ignorancia, asi es que os pido disculpa, si se os ocurre leer 
. estas pocas lineas, que os dedico en contestación á vuestro atencioso 
artículo del Domingo 19 (de Marzo). Debido á un amigo, recien hoy llega 
á mi mano vuestro Mensagero del Pueblo ; á eso es debida mi demora; dis- 
culpareis mi estilo — cada uno escribe como sabe y siente. No hay ironía. 

Empezáis, Señor Yéregui, con hacer un paralelo entre Bossi y 
Thomson, y después de regalarme una porción de epítetos propios siem- 
pre de vuestra mansedumbre y humildad , acabais vuestro artículo con de- 
cirme, que no estrañariais oir de mi , que me honráis con esa compara- 
ción. Os doy las gracias, Señor Yéregui, por el presente; pero no acepto 
esa honra, porque para mi, todo sacerdote que pretende hacer propaganda 
de sus creencias por la prensa, es un farsante ; por consiguiente, no quiero 
ese honor y rechazo el paralelo, respetando las creencias del Señor 
Thomson como respeto las vuestras. 

Pues, si por tan poco os desbocáis conmigo de esa manera, ¿quénohu- 
biérais hecho, Señor Yéregui, si hubiérais vivido en la época en que Dante 
condenaba al infierno á los gefes de la Iglesia, sucesores infalibles de San 
Pedro, los Vicarios de Cristo, inventando para ellos suplicios espantosos? 
Anastasio , Bonifacio y Clemente V figuran en primera línea, con una 
inmensa escolta de cardenales } obispos y arzobispos , á los que arroja al 


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infierno, aun viviendo algunos; y al mismo tiempo que arrojaba á los 
Santos en el gran brasero, colocaba en el paraíso á los paganos Stace y 
Rifee, como mas dignos de ocupar ese puesto. ¡Qué lección tan tremenda; 
Señor Yéregui! pues si hubiera quien á tanto se atreviera en nuestros 
dias, con un intolerante como vos en la prensa, estoy cierto que agota- 
riáis el diccionario de los insultos, y tal vez, tal vez, nos iríamos hasta el 
auto de fé. 


II 

Señor Yéregui, disculpad mi ignorancia; un capitán de vapor no 
puede ser tan inteligente como un sacerdote, pero me parece, en medio 
de mi ignorancia, que solo habéis hallado digno en el Evangelio de poner 
en práctica lo que dice San Lúeas en el Cap. XII, § 49 : ¡Fuego vine á 
poner en la tierra! ¿Y qué quiero , sino que arda? 

§ 51 . ¿ Tensáis que soy venido á poner paz en la tierra? 

§ 52 . Porque de aquí en adelante cinco en una casa divididos , los tres 
estarán contra los dos y los dos contra los tres. 

§ 53 . Estarán divididos : el padre contra él hijo, y el hijo contra su 
padre ; la madre contra la hija , y la hija contra la madre; la suegra contra 
la riuera, y la nuera contra su suegra. 

Pues, señor Yéregui, si vuestras ideas y misión son esas, perdonad 
mi ignorancia, os vuelvo á repetir, no son seguramente envidiables; puede 
ser que ganéis prosélitos, porque esta pobre humanidad es tan frájil, que 
& toao se presta, sobre todo cuando se dispone del infierno y del paraíso. 

San Pablo en su epístola á los romanos, cap. II, § 21, dice: Tú pues, 
que á otro enseñas , ño te enseñas á ti mismo , tú que predicas que no se ha de 
hurtar , hurtas . 

§ 22 . Tú , que dices que no se haga adulterio , lo cometes; tú , que abominas 
los ídolos , los adoras sacrilegamente. 

No es pues con el insulto, que podéis, Señor Yéregui, convencer, que 
úñ ignorante como yo no relata la verdad, ni vos podréis ser iuéz en 
materias en que estáis interasado. Es preciso que seáis mas humilde, que 
nos deis el ejemplo de mansedumbre y tolerancia , que habéis olvidado 
completamente; es preciso que os conforméis con los que buenamente 
qüierañ Seguir vuestras banderas; hoy ya no se puede violentar, las 
ciencias ya no son el monopolio del clero, están al alcance de todas 
Ifcs clases ; y la geología ha destruido la principal base del catolicismo : 
ño entraré eü la cuestión si para el mundo moral ha sido un bien 6 ún 
mal, pero para el mundo físico ha sido una palanca poderosa para descu- 
brir lo que estaba vedado á los profanos ; ella nos ha revelado secretos que 
ños han puesto en el caso de formar opinión propia, sin necesitar de vues- 
tra dirección. 

Al contrario, vosotros, encerrados constantemente en ese círculo de 
hierro, pensáis aun en vuestro dominio perdido ; de allí viene vuestro in- 
culto como ibsolente lenguaje; creeis aun, que se os teme como árbitros 
de la otila vida; os engañáis, ya nadie os presta atención y muy poco os 
teópetan ; el abuso que habéis hecho de vuestra misión os colocó en la 
triste situación de ser aborrecidos de todos, aun de los mismos qué mad 
frecuentan la Iglesia, porque vuestros vicios, vuestra innoble conducta y 
vuestro orgullo, son la causa de vuestro descrédito. Habéis pretendido 


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— 5 - 


Ser todo, hasta Reyes, menos Sacerdotes; si queréis volver á gozar de la 
estimación general, aceptad mi consejo : sed Sacerdotes dentro del tem- 
plo, ciudadanos dignos en la calle, y hombres honestos en vuestras casas. 

Con esa conducta seréis apreciados y haréis mas prosélitos que con 
vuestra atrevida propaganda en la prensa. 


III 

Vos que sois un hombre de intelijencia y no un ignorante como yo, 
sabéis perfectamente que Roma no fué patrimonio de ningún hombre, que 
fué la capital de la República é Imperio romanor y que pertenece á la 
Italia; no debeis ignorar que San Pedro y San Pablo murieron ambos en 
Roma, labrando con su sangre los fundamentos de la Iglesia de Cristo: 
ambos estuvieron presos por Nerón y fueron muertos por el mismo: el 
primero clavado en la cruz con la cabeza para abajo y el segundo degolla- 
do el dia 29 de Junio del año 67. 

Con esosdatos devuestrahistoriateneislapruebade que San Pedro no 
poseía á Roma como Príncipe, por consiguiente no podía legarla & sus 
sucesores, y de que bien léjos estaba el pobre pescador apóstol, de serlo 
que fueron después los papas. San Marcelo que sucedió á San Marcelino, 
año 309, fué desterrado por el emperador Maxencio por promotor de 
desórdenes; otra prueba mas, de que 300 años después, aun los papas no 
poseían el poder temporal. 

Disculpad, Señor Yéregui, mi ignorancia: apelo á esas reminiscencias 
históricas para probaros que pasaron noventa y seis papas y tres anti- papas 
antes de poseer Estado los Pontífices; recien con Estévan II se formó el 
núcleo de los Estados llamados Romanos. Viéndose éste amenazado por 
Astolfo, rey de los Lombardos, llamó á su auxilio á los franceses mandados 
por Pepino; este triunfó, arrebatándole muchas ciudades á Astolfo, las 
que regaló al Papa, yen recompensa de tal servicio, éste le consagró 
Rey de Francia; Carlo-Magno después, fué el que ratificó el donativo, 
declarandoal papa, por su propia autoridad, propietario de .a usurpación. 

Yo pregunto, Señor Yéregui, y disculpad mi ignorancia, ¿ cómo 

S ueden ser compatibles los dos poderes espiritual y temporal ? La misión 
elPontífice es puramente evangélica; pretendiendo ser sucesor y vicario 
de Jesucristo, ¿cómo puede ser papa rey ? Si aquel que murió en la cruz 
no se atrevió ni á criticar á los que le crucificaban tan injusta como 
ignominiosamente, ¿cómo sus vicarios pretenden vengar las injurias, 
hacerla guerra, y mandar absolutos sobre millones de hombres contra su 
propia voluntad, y en fin, hacerse justicia por sí mismo, aun contra aque- 
llos que nacieron bajo otros principios religiosos? 

Hay en el mundo un soberano temporal que es al mismo tiempo gefe 
religioso de sus Estados: el emperador de Rusia; pero este se limita á 
llamarse el Pontífice de los Eslavos : no se dice pontífice del género humano. 
Es preciso convenir, aunque duela á algunos mi clasificación, que nadie 
en el mundo antiguo y moderno ha mostrado mas audacia que los Papas, 
pretendiendo ser dueños absolutos de lo que pertenece á un gran pueblo 
que dominó á medio mundo; sirviéndose siempre de poderes estraños 
para la matanza de italianos y para poder ciertamente llegar á poseer y 
disfrutar lo usurpado . 

2 


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— 6 — 

i Quién autorizó al geíe de la Iglesia para despojar á una nación de 
una parte de su territorio? ¿No comprendéis que el gefe déla Iglesia 
no podía nunca ser italiano, porque cesaba de ser universal y perdía el 
catolicismo ; y si ella quedaba universal, dejaba de ser nacional y perdía 
la Italia ? 

Si los Papas se hubieran limitado al poder espiritual, á ser los primeros 
obispos de la cristiandad, la Religión hubiera conservado todo su prestigio; 

f )ero nada bastó á su ambiciou, todo lo sacriñcaron á la sed de mando y á 
a ostentación. No hay un pueblo ménos católico que el pueblo de Roma; 
como él conoce la vida íntima de ese clero aristocrático: como pocas 
familias no han sido víctimas de su libertinaje, de allí viene la indiferencia, 
6 mas bien dicho, el desprecio de ese pueblo al catolicismo; porque el 

f meblo ignorante no supo jamás distinguir las sanas máximas del Evange- 
io con la corrupción de los que se dicen, para escarnio de la moral y de la 
religión, vicarios de Cristo y encargados de mantener la pureza del culto 
divino. Ese pueblo ha llegado á ser el mas incrédulo, porque los malos 
ejemp^s de esos pastores de carroza dorada , le mataron ese sentimiento 
cristiano, que encierra tanta virtud, sobre todo en la mujer, y que ella 
trasmite á sus hijos. 


IV 

Roma, hubo época como la de Alejandro VI, que fué una sentina de 
inmoralidad, una orgía sin ejemplo en la historia, adonde se prodigaban 
los señores cardenales el veneno como aquí se prodiga el mate; es verdad 
que el ejemplo les venia de arriba, y que por una equivocación el mismo 
Alejandro IV se envenenó con una copa de ese licor, llamado el de los 
Borgias , que para otro habia destinado. 

Maquiavelo, amigo íntimo del sobrino de Alejandro VI, César Borgia, 

S ara quien escribió su libro titulado Del Principe , así se esplica, refirién- 
ose á la muerte de ese Alejandro VI : « Por obtener el reposo el glorioso 
' Alejandro VI fué conducido entre las almas bienaventuradas , y tres de sus 
mas queridos sirvientes, tres demonios familiares , siguieron sus santas huellas: 

LA LUJURIA, LA SIMONIA y LA CRUELDAD. » 

San Gregorio el Grande, quemando las bibliotecas, comprendía que 
para llegar á sus fines, que era el dominio temporal y espiritual universal, 
era preciso destruir esos manuscritos y esas obras paganas, las que podían 
iluminar á las futuras generaciones; de esa manera redujo á cenizas el 
trabajo de tantas inteligencias, y privó al mundo de tantos útiles conoci- 
mientos para la historia. 

Las prisiones de Galileo , de Campanella , la hoguera de Giordano Bruno, 
de Vanini , señalan las venganzas y las aprehensiones de los papas restau- 
rados ; toda la energía de la Italia se reconcentra en esas almas exaltadas, 
el peligro las inspira. La filosofía en adelante tiene sus mártires. 

Venecia y Florencia reciben de los papas el último golpe : Julio II 
3 en la liga de Cambray aplasta á Venecia, y Clemente IV en la liga con 

i Cárlos V aplasta á Florencia, único punto adonde aun se conservaba la 

esperanza de una nacionalidad italiana ; perdida esta, entregada ó vendida 
por los vicarios de Cristo, todo se acabó para el desgraciado pueblo 
italiano, que solo tenia el delito de haber admitido en su seno los sucesores 
de Cristo, rechazados y perseguidos en el país en que lo vieron morir, y 


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que parece debiera de haber sido el punto adonde el cristianismo hubiera 
debiao echar mas raíces, porque alli existían los testigos oculares de sus 
milagros; infelizmente no fué así, hallaron mejor dirijirse á los Italianos, 
que cansados de ser guerreros, debian ser mas dispuestos á vestir el 
hábito. 

Con estos datos quisiera probar al Señor Yéregui, que nada ha hecho 
la Iglesia por salvar á la Italia, y que es preciso entonces tratar de 
salvar á la Italia para salvar la Iglesia, aunque una gran parte del clero se 
empeñe en perderla. 


V 

El tiltimo cónsul que gobernó en Roma, año 567, fué Justino, 
Augusto II, y este lo fué sin cólega como no era de costumbre; á su muerte 
no se nombró sucesor. 

De aquí empieza á asomar el poder temporal de los papas, aunque ya 
se le habían inutilizado muchas tentativas para conseguirlo, aun vagaba 
el génio italiano y se resistia á entregarse maniatado á un monge ; pero 
á este no le faltaba pretesto para encender la guerra civil entre los dife- 
rentes Estados, y con ese motivo apelaba á los estrangeros, siempre 
dispuestos á la matanza de italianos; con esto los pontífices conseguían 
dos objetos importantes para sus miras : hacer comprender que tenían poder 
en el orbe católico , y disminuir el número de sus enemigos en Italia. 

Esta política poco en armonía con la misión de los sucesores de Cristo, 
al fin les aió el resultado propuesto : vino un poder de las Galias, el que 
acabó con la resistencia de los italianos, ya demasiado debilitados por sus 
continuas luchas fratricidas ; fué necesario entregarse á discreción — asi 
empieza el poder temporal del papa sobre la ruina de la Italia. Lo mismo 
que pretendieron después, estender su poder hasta las testas coronadas, que 
les habían servido para su elevación ; y ¡ guay ! del que se resistia, porque 
en el acto la escomunion partía con la velocidad del rayo, y si seta no conse- 
guía siempre su objeto, asustaba á los timoratos, los que se sublevaban contra 
sus mandatarios, y asi se aumentaba el catálogo délas víctimas. 

Echad una mirada retrospectiva, Señor Yéregui : veréis que de la 
Edac^Media hasta nuestros dias todo ha sufrido un cambio radical, pues si 
en otras épocas fué lenta la reforma en todas las cosas de la humanidad, 
fijáosy veréis cómo hoy todo se precipita; pues hombres de intelijencia 
como vos, no debeis quedaros estacionados : adelante, y en primera fila 
es donde os corresponde ; las nuevas generaciones que se suceden tan 
rápidamente, no esperan á nadie ; desde que os rezagáis, os abandonan. 
¿Qué haréis en ese caso ? ¿ Aferraros al pasado? Sereis un muerto que 
camina, y cuando la muerte venga á exigiros su tributo, le podréis decir 
como Ferruccio á su asesino: ««Matas á un cadáver.» Aproposito, sabed que 
también este héroe italiano es víctima de un papa, Clemente VII. Este mis- 
mo papa fué la causa de muchas desgracias en Italia, y mucho mas para el 
catolicismo : la liga que hizo con la Francia, Inglaterra y varios príncipes 
italianos contra el emperador Carlos V, que se llamó santa, porque el 
sucesor de San Pedro, el vicario de Cristo estaba á la cabeza de ella, le 
dió por resultado que fué sitiado en Roma, y gracias á un disfraz pudo 
escapar, después de siete meses de prisión; y por último, fué la causa del 
gran cisma que separó para siempre á la Inglaterra. ¿Qué le parece, señor 


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Yéregui, la conducta del vicario de Cisto? Y este es uno de los buenos, 
según vosotros; dejo á vuestro criterio cómo habrán sido los malos. 

Ahora comprendereis con cuánta razón y justicia ataqué al papado 
por usurpador de un poder que no le corresponde, por falsear las doctri- 
nas del Divino Maestro, y por faltar totalmente á su misión, respetando 
siempre al hombre privado; y con qué placer he manifestado mi adhesión 
á la fiesta que se prepara para solemnizar el grande acontecimiento de 
volver á ser capital de Italia, la antigua señora del mundo; Roma, cuna 
de tantos héroes y de tantos hombres ilustres en las ciencias y en las artes. 

Si fuérais, Señor Yéregui, italiano, estoy muy persuadido de que se - 
ríais el mas entusiasta; que rebosaría vuestra alma de placer por tan grato 
acontecimiento; que seriáis capaz de renunciar hasta los hábitos, si eran 
un estorbo para coadyuvar á esa demostración patriótica. ¡Ah! no com- 
prendéis lo que es amor de Patria! Si, lo comprendéis, porque teneis alma 
y corazón; pero no siendo italiano, el bastardo interés os hace ser injusto 
y hasta mal cristiano, porque olvidáis las bases de nuestro Evangelio : no 
hagas á otro lo que no quieras que te hagan á tí; con todo, sois joven, es- 
pero aun veros en otro camino, que sea mas en armonía con las ideas del 
siglo y con vuestra inteligencia. 

Disculpad, Señor Yéregui, el modo en que se espresa un ignorante 
como yo, pero de buena íé; yo sé que ha habido y hay sacerdotes dignos, 
que cumplen religiosamente con su ministerio, y hasta me honro de la amis- 
tad que algunos de ellos me profesan; pero estas son escepciones, la gene-^ 
ralidad es viciosa, es inmoral, es esplotadora. 

Tengo la creencia que vos el primero en quien reconozco inteli- 
gencia, que nada de lo que escribis, creeis ; pero seguís el curso de vuestros 
hábitos, os halláis con el fardo á cuestas, por consiguiente teneis que car- 
garlo, y como vuestra carrera tiene sus títulos y sus honores en pos de 
ellos andais, aunque sea traicionando vuestra propia conciencia ; porque 
no es creíble, que un hombre de inteligencia y que conoce el amor de pa- 
tria, diga que ningún hombre honrado puede dar dinero para festejar el triunfo 
mas grande de un pueblo heróico , como la devolución de su capital. Vos que- 
réis mostrar un gran celo por el Pontífice, sacrificando lo que hay de mas 
noble y sensible: la conciencia; ahí teneis álo que conduce la hipocresía, 
hasta á haceros injusto. Si no fuérais uno de esos sacerdotes por hábito, 
diríais conmigo : « Tienen razón los italianos , de festejar tan grande acon- 
tecimiento ; cuando este hecho se ha cumplido , es porque Dios lo quiso , y por 
consiguiente debemos respetar sus divinos decretos .» — Colocaos en este ter- 
reno, y veréis surgir adeptos de los cuatro vientos, porque con ello daréis 
una prueba de amor á vuestros semejantes, y de observar los mandamien- 
tos de la ley de Dios. 

Antes de concluir, deseo deciros que no sigáis la rutina de todos los 
Sacerdotes, que cuando se ven atacados en su persona ó en su conducta, 
ya sea por el abuso de su ministerio ó por el escándalo que dan, en el acto 
gritan contra el impío, que ataca la religión ; asi se abroquelan siempre 
queriendo confundir la inmoralidad del hombre, con la divinidad ; sed 
franco, no apeléis á ese medio gastado ya . Yo sé establecer la diferencia 
entre el hombre y Dios, entre la Ley escrita y el abuso, entre el moral 
Pió IX y el inmoral Alejandro IV. 

Como vos me tratáis de anti-religíoso, rechazo ese calificativo, por- 
que respeto tanto como vos mi religión, y tal vez la ejercite mas que vos, 


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— 9 - 


Señor Yéregui, coa la diferencia de que yo observo la religión según el 
divino Maestro, sin reformas ni enmiendas. Vosotros la habéis alterado 
y disfrazado tantas veces, que ya es difícil conocer su origen. El divino 
Maestro os ha dicho : « Esto os mando : que os améis los unos á los otros; » 
¿habéis cumplido con ese mandato? jamás; ¿ por qué ? porque os habéis 
considerado por cima de todos, y si alguna vez habéis cumplido en apa- 
riencia, ha sido para sorprender mas la buena fé de los incautos. 

Disculpad, Señor Yéregui, mi insuficiencia, pero tened presente, que 

{ >or la brevedad del tiempo no he podido ser mas estenso como lo requiere 
a polémica que me habéis promovido: yo no desearía continuarla, es de- 
masiado árdua para un ignorante, pero si os empeñáis os daré ese placer, 
prometiendo vos disculpar al pobre marino que no tiene vuestra inteli- 
gencia, y tiene el placer de decirse vuestro humildé y seguro servidor. 


Marzo 22 de 187 L. 


B. Bossi. 




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A mi hermano el presbítero Yéregui ]e pido guarde mas cordura en 
sus escritos y no falsee la historia; si mis apreciaciones son erróneas, debe- 
tratar de convencerme por medio del raciocinio fundado en la verdad y 
la justicia: nadie en el mundo es infalible : el sofisma es un arma que ge- 
neralmente se emplea en las causas perdidas ó que no tienen segura base 
donde apoyarse. 

De la discusión se hace la luz : vos, Señor Yéregui, teneis una mi- 
sión : vuestra profesión os obliga ó propagar las doctrinas que el Divino 
Maestro enseñó, tal cual él las esplicó y no como se le antojó á cada 
doctor de la Iglesia. Si asi os ocupareis de ello, llenareis vuestro cometido 
y probareis que sois un digno Sacerdote: si por el contrario para sostener 
las ideas de esos dolores, insultareis á una nación, á un rey y á sus subdi- 
tos, faltareis á vuestro deber y provocareis la discordia en lugar de la paz 
entre hermanos. Acordaos de lo que dice el Apóstol Santiago en su Epís- 
tola Cátolica, cap. 11, §8°. 

Si cumplís la ley real conforme á las Escrituras — amarás á tu prójimo 
como á tí mismo : lien hacéis. 

a Mas si teneis acepción de personas , cometeréis pecado f siendo repren- 
dido por la Ley como transgresor . » 

Ya veis, Señor Yéregui, que no os cito jamás autores profanos, ni 
hereges, ni enemigos de la religión; con vuestras propias armas os batiré, 
pero seguro estoy de no conveceros; sobre esto no me queda duda. Seria 
mas fácil que renunciara el Papa el poder temporal, que vos os diereis por 
convencido, y si llegára yo á convenceros, no lo confesaríais jamás; el 
temor de que os llamasen apóstata, os haria persistir en el error, pues 
pocos son los hombres que han tenido el valor y la abnegación de confe- 
sarlo, asi es que no os creo hombre de esa talla; pero podemos defender 
cada uno nuestras ideas, bien intendido, sin faltar á la moral y sin insul- 
tos personales; nuestra personalidad debe ser puesta á un lado y solo ocu- 
parnos de la cuestión que nos ha conducido á la prensa: acordaos que soy 
marino y que poco debo haberme ocupado de estas cuestiones, y puedo, 
aunque sin querer, emplear términos que se relacionen con mi oficio, hasta 
con cierta grosería propia de mi ruda profesión, pues lejos casi siempre de 
los salones y de la buena sociedad, nuestra lucha continua con los elemen- 
tos, nos forma otra naturaleza y otros hábitos ; así es que somos algo 
bruscos, adustos, contraemos un carácter fuerte, nos hacemos gritones, 
y severos. Pero si nuestra profesión nos conduce á adquirir esos defectos, 
también nos dá mucho corazón, mucha sensibilidad y mucho amor á nues- 


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tros semejantes: estoy cierto que no hay muchos rasgos en vosotros de arro- 
jarse al agua ó al fuego para salvar á un hermano ; pues en nosotros los 
marinos, es tan común eso, que pocos serán los que no hayan dado esa 
prueba de abnegación y amor á su prójimo. 

Puesto que ya os he mostrado las condiciones de vuestro contrincante, 
no le insultéis para discutir, no provoquéis al marino, porque habituado & 
ser rey absoluto, pudiera devolveros con usura los insultos; discutamos 
como gente bien nacida para que el público pueda leer nuestras aprecia- 
ciones sin escandalizarse. 

Antes de contestar á vuestros sofismas y probaros con nuevos datos 
históricos y con argumentos irrefutables que estáis en error, mees necesa- 
rio retroceder y preparar el terreno á donde os daré la última batalla, en 
la que os venceré, pero como vos no os daréis por vencido, yo me retiraré 
dejándoos solo en el campo, entregado á vuestras reflexiones, habiendo yo, 
ya hecho las .mias, pues en semana santa no se deben discutir cosas que 
atañen en algo á la religión, porque tengo por principio respetar estos dias 
en todas las creencias, y mucho mas en la nuestra. 

I 

¿ Quién habrá visitado Roma, sin habers e conmovido en presencia de 
sus monumentos y sus ruinas ? ¿ Quién, al mismo tiempo no habrá sentido 
tristeza y gozo al verse en esa ciudad, cuna de tantos héroes, de tanto 
poderío y de tanta corrupción ? ¿ Quién, no habrá admirado sus grandezas 
pasadas, representadas en esos monumentos, mudos testigos de tantas 
glorias y de tantas iniquidades ? Ellos nos hablan mas que la historia ; ellos 
nos revelan el heroismo de esos hombres que llenaron al mundo de sus 
gloriosos hechos, y nos revelan también ( horror nos dá decirlo ), las cruel- 
dades sin ejemplo ejercidas por hombres sobre hombres. ¡Ahí ¡A qué 
conducen el fanatismo y la superstición, la ignorancia y la tiranía ! ¡ Cuántas 
calamidades hay que deplorar cuando el hombre se aparta de la ley natu- 
ral para lanzarse en busca de lo indefinido y de lo ignoto ! ¡Y no hay pena 
en las leyes civiles ni religiosas contra esos hombres que se dicen intérpre- 
tes de Dios 6 soberanos de la tierra ! La ley nat ural, única que conocieron 
los primeros habitantes del mundo y los Patriarcas, se la trasmitieron 
unos á otros junto con esas virtudes primitivas, cuyo gérmen habia puesto 
el Ser Supremo en el corazón humano. Aparecieron después por esa ley 
infalible del progreso humano, otros hombres, cuyos nombres aun hoy se 
pronuncian con respeto. Y ¿quién no recordará con admiración á Sócrates 
6 Leónidas, Catón ó Régulo ? Los que conservaron esas virtudes y esa 
moral, que es la base del Evangelio, como fué la esencia de la ley natural. 
Infelizmente en el trascurso de los siglos, hombres hienas han degenerado 
sus máximas, convirtiéndolas en una ley de persecución y de matanza, 
haciéndolas servir de instrumento á sus ambiciones, á sus vicios y á sus 
venganzas. 

II 

Cuando uno recorre la historia del cristianismo, desde Jesucristo 
hasta nuestros dias, no puede menos que inclinar la frente y avergonzarse 
de pertenecer á una raza de seres que para escarnio de la moral y de la 
divinidad, se dicen hechos á la imágen de Dios y sus fieles intérpretes. . 


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¡Bárbaros! porque uno de vuestros semejantes halle en febril imagi- 
nación una esperanza para la vida futura, un consuelo en sus angustias 
presentes y abrace una nueva creencia, creencia fundada en la mas sana 
moral, y que si ella no es de origen divino, no puede ser sino de un hombre 
favorecido por la divinidad, 4 qué mal os causa ese ser con creer mas & esta 
divinidad que á otra ? ¡ Qué débil debe ser la base de la vuestra, cuando un 
simple mortal os hace temblar por vuestros dioses y lo lanzáis de pasto & 
las ñeras! ¡Qué espectáculos tan bárbaros para séres racionales! ¡Qué 
horribles diversiones proporcionáis á vuestro pueblo, y cómo os gozáis al 
ver despedazar en las garras de un tigre á uno de vuestros semejantes ! 
¡ Ah ! no podemos dejar de estremecernos al recordar tanta sangre inocente 
vertida por abrazar una creencia que no tenia mas armas en su defensa 
que la fé, la esperansa y la caridad. 

Aparece del fondo de la Judea un hombre humilde, modelo de senci- 
llez, de modestia, de humildad y de bondad, y empezáis á temblar como 
si os atacára el mas fuerte poder de la tierra. ¿En qué cifráis vuestro de- 
cantado poder, señores de esa señora del mundo, si un hombre solo, con 
su sola divina palabra, os hace temblar en vuestros propios tronos? Vues- 
tros vanos títulos de emperadores que os elevan al rango de dioses, seres 
degradados é indignos de ser hombres y que os creeis inmortales, 4 por qué 
teneis tanto temor á las doctrinas de ese hombre, que lo condenáis á morir 
en una cruz, creyendo en vuestro desvarío que, matándole, podréis conti- 
nuar siendo los tiranos de vuestra patria y los semi-dioses de la tierra ? 

La sangre seguramente os ahogaba ; el orgullo os cegaba, porque no 
pudisteis comprender que, matando á ese hombre, sus divinos preceptos 
serian recogidos por miles de seres ávidos de una religión de paz y frater- 
nidad y que estos se multiplicarían por miles por cada uno que hicierais 
víctima de vuestra tiranía. Destruisteis el árbol, pero la semilla fecunda 
se reprodujo de tal manera, que ella sola bastó para destruiros en vuestro 
propio imperio : así acabasteis de escandalizar al mundo, pero vuestros 
crueles ejemplos hallarán infelizmente imitadores bajo distintos pretestos 
y fines. ¡ Pobre humanidad, siempre víctima de la maldad ! 


III 

La Inquisición, palabra fatídica, que aun hace estremecer de espanto 
al solo recordar su época : sinónimo de esterminio, de guerra á muerte al 
género humano. 

4 Qué fuisteis Nerón, Calígula y otros crueles tiranos, mónstruos del 
averno, en presencia de un Torquemada y otros tantos tigres sedientos de 
sangre ? Nimiedades fueron vuestras espantosas carnicerías en los circos, 
aliado de esas matanzas realizadas en secreto, entre cuatro paredes, en os- 
curos calabozos, con un satanás disfrazado de sacerdote-juez, dos satélites 
y un verdugo. Se pierde la razón y se siente el frío de la muerte, al solo 
pensar los crueles tormentos que sufrieron millares de víctimas inocentes, 
que algunas no tenían mas delito que el no poder abrazar una creencia que 
tenia por intérpretes Panteras en lugar de hombres con alma y corazón ; 
y otras, por el delito de seguir las creencias de sus padres y que habian 
recibido juntas con el pecho de sus madres. 


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- 13 - 


IV 

Así como la Musa de Hacine lloró á Sion y la de Corneille recojió las 
Ligrimas de Climéne, lloremos y recojamos nosotros las lágrimas de tantas 
víctimas, sacrificadas al egoísmo, al vicio y á la corrupción. Sí, lloremos 
por esa humanidad tan digna de mejor suerte, como sacrificada por seres 
depravados que con sus hechos espantosos horrorizaron al mundo y ver- 
tieron mas sangre que agua existe en el Jordán. Esos hombres que se de- 
cian ministros de un Dios de paz, de bondad y de misericordia, profanaron 
todo lo que hay de mas sagrado, sobrepasando en crueldad á los mayores 
tiranos de la tierra. En vano es buscar en medio de esa orgía de asesinos, 
el rastro de esa doctrina que enseñaba á amarnos los unos á los otros como 
hermanos. En vano es buscar esas máximas del que murió en el Gólgota : 
no hagas á otro lo que no quieras que se te haga á tí: esas máximas divinas 
en boca de esos vampiros, son el antítesis de su significado y les sirven 
para victimar á los qne las invocan. 

¡Ah! justicia divina, ¿cómo pudiste tolerar que esos ministros de 
Satán invocáran tu nombre para hacer el mal ? ¿ Cómo no aplastaste esos 
reptiles asquerosos para que no emponzoñasen esa humanidad que abrazó 
tus doctrinas como su salvación ? ¿Por qué no protejiste la inocencia contra 
esos caribes que solo vivían como el buitre, de sangre f 

Atrás, falsos apóstoles de la humanidad ; atrás, tiranos de la tierra ; 
atrás, verdugos del paganismo ; atrás, vívoras ponzoñosas del cristianismo ; 
todos sois la escoria inmunda de la humani Jad ; caiga sobre vosotros toda 
la execración de los buenos! 

Fuisteis los mayores enemigos del género humano, sobre vosotros hay 
una mancha indeleble que jamás se borrará, y en el trascurso de los siglos 
las maldiciones se multiplicarán sobre vuestra memoria, como se multipli- 
caron los minutos después de la creación del mundo. 

Si fuera posible borrar de la historia tanto baldón, tantea ignominia 
de que se ha cubierto la humanidad, seria un poderoso elemento para la 
perfección del hombre; así no tendria presente esos rasgos de estúpido 
salvagismo, que lo colocan aun mas abajo de las fieras. 


V 

Estes profundas tinieblas en que vive el hombre, sin llegar jamás ni á 
comprenderse á sí mismo, es el mayor martirio. ¡ Por qué, Dios mió, me 
habéis dado la razón, si no me concedéis una centella de vuestra sabiduría ! 
¡ Por qué, Señor, darme vida, si me dejais entregado á mi instinto y á mi 
limitado entendimiento! ¡Por qué, Señor, no concederme un átomo de 
vuestra omnipotencia para el bien de mis semejantes ! ¡ Por qué hacerme 
pasar la vida en una noche oscura y tormentosa sin haber visto un solo 
minuto la luz! Esa luz que descubre la verdad, en medio de este piélago 
sin fin. 

Horrible cosa es ver esterminar á sus semejantes, sin que al hombre 
le sea dado poder salvar á tantos inocentes, víctimas de la iniquidad ele va- 
da á la categoría de Santo Oficio. 

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¡ Ah ! debemos respetar tus secretos ; míseros mortales, no nos es dado 
penetrar en tus misterios ; reconocemos nuestra pequenez y nos inclinamos 
y humillamos ante tus decretos. 

Incomprensible naturaleza, ¿cómo se pueden titular vuestros Vica- 
rios y vuestros sucesores, si estos toleran esas matanzas sin ejemplo, contra 
las leyes divinas y humanas ? ¿ Cómo no se arrancan el corazón con sus 
propias manos, sino tienen una palpitación para sus semejantes ? ¿ Cómo 
pueden invocar vuestro sagrado nombre, sin caer en el acto exánimes, des- 
pués de haber pronunciado la palabra : asesina á tu hermano? 

¡ Ah ! filosofía, filosofía : ¿ por qué tardaste tanto en abrirte paso entre 
la impostura y la ignorancia? Tu misión es iluminar á la humanidad. 
Dios te envió á la tierra para aclaiar esas tinieblas que nos rodean : avanza, 
avanza, para destruir el último baluarte de ese fanatismo que enrogeció 
al mundo con la sangre de sus mas preclaros hijos: sí, avanza para salvar 
de la degradación al hombre y afirmar las divinas palabras de: amaos los 
tinos á los otros . 


• VI 

Amaos los unos á los otros como hermanos, mandó Dios al colocar 
los primeros seres en el mundo, y amaos los unos á los otros, mandó y 
practicó el Divino Maestro. Sus discípulos y sus apóstoles que nos tras- 
miten esas palabras del maestro, deben haberlas trasmitido á sus suce- 
sores, ya fueran presbíteros ú obispos. Vamos h ver cómo los sucesores 
practicaron esas santas máximas y si siguieron el ejemplo del que vivió e:i 
la mavor miseria y humildad, y que acabó en la cruz 

Entremos en la cuestión. « En los primeros siglos solo egercieron los 
r Papas (1) su autoridad espiritual y obedecieron á íos emperadores ó á los 
» principes que les sucedieron en Italia. Constantino los dotó espléndida- 
” mente, pero no es cierto que hiciese la celebre donación que se ha ale- 
» gado muchas veces; su poder temporal solo data del siglo VIII, como 
» ya he citado en mi anterior artículo (histórico). » 

Aunque tengáis una historia distinta, la que siempre empleáis al tra- 
tar de estas cuestiones fundamentales de los poderes de los pontífices, ‘citan • 
do siempre á los santos y personas interesadas en sostener esos principios, 
que la buena razón y la historia verdadera esplica y rechaza. 

Yo no citaré ningún autor parcial con mis ideas: me serviré de los 
textos sagrados y de la verídica historia, para hacer resaltar á la faz del 
mundo, que el poder temporal es la mayor usurpación que han presen- 
ciado los pueblos antiguos y modernos; aun mucho mayor que aquella en 
que el Papa Alejandro VI concedía y daba para siempre la tercera parte 
del mundo descubierto por Colon; tal era el hábito de la usurpación en 
los Papas, que esos siervos de los siervos, sucesores y vicarios de Cristo, 
regalaban á un potentado de la tierra millones de nuestros semejantes, 
como quien reparte agua bendita, entregándolos á esos señores que se de- 
cían defensores de la religión y del papado como á viles esclavos; los que 
se salvaron de la cruel tiranía de sus nuevos amos, Torquemada y otros 
( siempre por la gloria de Dios ) dieron fin de ellos en el Santo Oficio. 

(1) Papa que significa en Griego Padre y ahucio, servia al principio para designar á 
todos los obispos; desde Gregorio Vil, año 1075, se aplica esclusivamente al Soberano 
1 ontifke. 


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— 15 — 


VII 

Los primeros Obispos ó Papas de la cristiandad hasta Anastasio II, 
ron pocas escepciones, fueron declarados Santos, no porque todos fueran 
dignos de serlo, sino por haber sufrido martirios la mayoría de ellos. Una 
de las pruebas irrefutables de que los Papas no poseían el poder temporal 
y que Roma era Italiana — y no de todo el mundo, como vos señor Yére- 
gui, queréis que sea — era de los italianos, gobernada por Emperadores ó 
Cónsules, que esto no viene al caso. 

Vos, señor Yéregui, me citáis á Constantino para probarme la supuesta 
donación, y fundáis desde entonces el poder temporal de los Papas. 

Admitiendo que fuera positiva la donación de Constantino, probana 
dos cosas : primera, que Constantino cometió la mayor de las usurpaciones 
dando territorios, pueblos y poderes, que solo los pueblos mismos, arbitros 
de lo que les pertenece, pueden conceder; y segunda, que el Papa San Pe- 
dro y sus sucesores hasta Constantino, no pudieron legar lo que no poseían. 
¡Cómo ciega, señor Yéregui, la pasión! Estoy cierto que habéis creído 
citarme en Constantino un dechado de virtudes, porque usurpando lo que 
no era suyo, lo entregaba á un pontífice , el que no supo anatematizarlo 
por su infame parricidio, perpetrado en su hijo Crispo injustamente acu- 
sado por su madrasta Fausta, la que no tardó en pagar con su cabeza su in- 
fame acusación. Si todos los personajes de vuestra historia que citáis en 
apoyo de vuestras pruebas para combatir mis errores, son seres de esa 
clase, mejor seria dejarlos en el olvido, porque su memoria solo sirve para 
darnos materia contra vuestras aseicionesy para recordar crímenes im- 
perdonables. 

No es estraño que San Gregorio Magno, antes de Estevan II hubiera 
ya querido apoderarse del poder temporal; otros Papas anteriores ya ha- 
bían tentado lo mismo. 

Desde que los Papas se apartaron de su verdadera y única misión, y 
formaron un núcleo bastante fuerte de cristianos, pensaron que era mejor 
emplear las armas, ya de la intriga, ó de los disidentes, para imponer con 
la fuerza lo que no podían con el raciocinio ; y como el hombre es falible, 
fué su primer error. Si ellos se hubieran conservado en su puesto imitando 
al Divino Maestro y á ser puramente herederos del gobierno de la Iglesia, 
habrían conservado la estimación del mundo cristiano, evitando los escán- 
dalos y los cismas que agitaron al catolicismo. 

VIII 

¡ Qué desorden ! ¡ qué anarquía ! ¡ qué de crímenes no se han cometido 
para subir á ese puesto de Papa-rey! ¿Qué son esos anti-Papas, esos 
Papas de Oriente y de Occidente , esos Patriarcas de Alejandría, Constante 
impla, Antioquía y Jerusalcn ? ¿ Qué son esas pretensiones de todos y cada 
uno de ellos por la supremacía? No son mas que bastardas aspiraciones, 
ambiciones innobles, indignas de los sacerdotes de Cristo. 

No entraré á cansar al lector citando la historia de cada Papa quo 
faltó íi su deber y escandalizó al mundo con sus abusos, crímenes y vicios: 
se necesitaría escribir innúmeras volúmenes : me limitaré solamente á dar 


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— 16 - 


una reseña de los principales de quienes aun hoy dia, después del trascur- 
so de tantos años, no se pueden leer sus biografías sin horrorizarse. 

Estevan VI, este nombre siempre fatal á la Iglesia y ála Italia (años 
890 y 897), hizo desenterrar el cuerpo del Papa Formoso, su predecesor, 
presentó en un Concilio el cadáver revestido de los hábitos pontificales, 
le a clisó de haber usurpado la silla de Roma y le hizo cortar la cabeza por 
mano del verdugo, mandándolo arrojar al Tiber. Esta venganza atroz, 
propia de un caribe y no de un Vicario de Cristo, sublevó al pueblo ; y 
los partidarios de Formoso cargaron de cadenas al Papa asesino y le dieron 
garrote al cabo de algunos meses. Formoso fué rehabilitado en S9S, en 
tiempo de Juan IX. De este Papa no tenemos noticias. En esta época 
figura para colmo de la iniquidad y del desorden que existía entre los 
encargados del Arca Santa, la papisa Juana, cuya historia no me atrevo 
á relatar por decoro y por respeto al público, ni cómo fué descubierto su 
sexo, aunque muchos historiadores del Papado lo han pretendido negar. 

Sergio III fué elevado al Papado por primera vez, en competencia 
con Juan IX (año S98), por Marozia, su amante, que se había apoderado 
de Roma : fué vencido y destronado por este: huyó á Toscana, pero en 904 
su partido le volvió en triunfo á Roma. Este Papa deshonró el pontificado 
con sus vicios ; tuvo un hijo de Marozia, el cual fué elevado después al 
papado á la edad de veinticinco años, con el nombre de Juan XI (año 931). 

Bonifacio VII (año 974) primer anti-Papa, destituido por Domus ó 
Domnus en el mismo año, y en 98ó fué elegido de nuevo Papa, é hizo 
asesinar á sus dos competidores Juan XIV y Benedicto VI, el que fue 
envenenado y estrangulado en la prisión. 

Benedicto IX, sobrino del Papa Juan XIX é hijo de Alberico, conde 
de Tusculuna, fué colocado en la silla pontifical á la edad de 1 2 años en 
1033 y se entregó á toda clase de infamias: le depusieron en 104-5, pero 
logró reintegrarse dos veces, y en 104S renunció sin que nadie lo obligára 
á ello. Catilina y todos los emperadores mas depravados.de que la historia 
nos da noticias, ninguno llegó á tal grado de inmoralidad, de vicios y de 
corrupción como este Papa. Para mayor prueba del estado de desmorali- 
zación en que se hallaba el clero de aquella época, fué elegido este sarda- 
ñápalo, tres veces Papa : así pudo á su gusto ejercer sus instintos bruta- 
les sin ejemplo. 


IX 

En la refutación que hacéis de mis ideas en vuestro artículo del 2 del 
corriente, decís que nadie puso en duda el derecho perfecto de los reyes de 
Francia Pepino y Cario Magno para donar cü Padre Santo , respectivamente 
Pavena con su exarcado y Poma (os olvidáis de la Pentapolis, el Peruino y 
el ducado de Espoleto); decís que le pertenecían legítimamente por derecho 
de conquista , único internacional en aquellos tiempos , en que se estaban recons- 
truyendo las monarquías , que hasta entonces ni eran locales ni hereditarias . 

Disculpadme, señor Yéregui, pero tengo que contenerme como hom- 
bre y como italiano, al oir semejantes sofismas en boca de un sacerdote; 
mas ello no me sorprende; habéis confundido vosotros tanto la virtud con el 
vicio, el derecho con la usurpación, que pretendéis convencerme que esos 
reyes y emperadores tenian derecho de disponer de los pueblos á su antojo. 
En el terreno de la usurpación, siempre teneis argumento para sostenerla, 


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— 17 — 


y tratáis de usurpador ásu único y esclusivo dueño, al gran pueblo italiano. 

Decis: tal es el origen de antigüedad del patrimonio (le San Pedro, que 
los Pontífices Poníanos han conservado sin la menor interrupción hasta nues- 
tro* días ; os pido disculpa, pero no puedo menos de deciros que faltáis á 
la verdad histórica. 

La condesa Matilde, cedió (1,077 á 1112) ála Santa Sede, el terri- 
torio que se llamó desde entonces patrimonio de San Pedro, aumentando 
con esto los Papas su poder temporal. Esta princesa soberana de Tosca na 
y de parte de la Lombardia, fue casada dos veces: la primera* con Godo- 
fredo el jorobado, y la segunda con Guolfo V, duque de Haviera: se se- 
paró de ambos esposos por influencia del Papa Gregorio VII, alegando 
este, que los dos esposos de Matilde no eran muy adictos á la iglesia ca- 
tólica. ¡Sabe Dios porqué Gregorio VII hizo separar esos matrimonios! 
Este célebre Papa, habiendo sido destronado por Clemente III ; este 
siervo de los siervos de Dios, llamó á su socorro ai normando Roberto 
Guiscar, duque de Calabria, que lo restableció en su sede, pero después 
de haber derramado á torrentes la sangre en Roma, con lo que se hizo 
odioso á los romanos; y al marcharse sus libertadores, los siguió, retirán- 
dose á Salerno donde murió. 

Ya veis, señor Yéregui, que á cada párrafo de vuestro artículq que 
tengo que refutar, me encuentro con un malvado, que en lugar de seguir 
la doctrina de Cristo, seguian las de Atila y la de Genserico. 

Sed franco, señor Yéregui, ¿ qué derecho tenia la princesa Matilde 
para disponer de una parte del territorio italiano para dárselo al Papa? En 
ese caso, podríais sostener que el general Batlle, está facultado para dar 
por su sola voluntad una parte del territorio oriental, al Obispo de Mu- 
gara ó al Papa, sin el consentimiento del pueblo oriental. ¡No creeis que 
seria una usurpación, si así lo hiciera? 

X. 

Se observa que en todas partes del mundo donde existe el clero cató- # 
lico, se emplean todos los medios posibles para conseguir adeptos á fin de 
restablecer el poder temporal del Papa en Roma: todos á una dicen, y 
vos como uno de tantos, que Roma es propiedad del mundo católico, será 
en el órden espiritual, si nosotros los italianos, los únicos dueños de Roma, 
nuestra capital, consentimos que la Santa Sede allí resida; pero en el 
orden temporal, no reconocemos como dueños ni al Papa ni al Rey: ella 
es del pueblo italiano, que después de haber sufrido el martirio de tantos 
siglos, y á fuerza de tanta sangre de sus mas ilustres hijos, la ha recu- 
perado. Y para ser mas notable, Dios ha dispuesto que ella vuelva á la 
patria común, cuando caia exánime el Imperio que nos la habia arreba 
tado para regalarla á un Papa. 

Decís, señor Yéregui, ¿es posible que tantos Papas santos y salió 
no hayan tenido escrúpulo de ejercer un poder que no les pertenecía ? ¿ es p o 
sible que el moral Pío IX pretenda sostener una injusticia? Muy pobres ar 
gumentos presentáis, señor Yéregui: vos mismo confesáis que desde 
Gregorio Magno empezó el poder temporal, concedido generosamente por 
quien no podia darlo: y aun concedienlóos fuera cierto lo que decís, des- 
de San Pedro hasta San Gregorio el Grande pasaron 590 años. 

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¿En que fundáis, pues, ese argumento de que Roma es el legado de 
San Pedro, si vos mismo confesáis que solo despuesde San Gregorio Magno 
tuvieron poder temporal los Papas? Aunque yo no estoy conforme con 
vuestra historia; porque la que todos conocemos, única y verídica, dice 
que empezaron los Papas á ejercerlo de hecho y con Estovan II, como os 
lie esplieudo en mi artículo anterior. 

¡ Mas pruebas queréis, mi hermano Yéregui ? El papa San Gelasio I 
(año 49:2] en una de las cartas que dirijió al emperador Anastasio, con el 
objeto de justificar la conducta de su predecesor San Félix III, ceñida 
estrictamente á los estatutos del concilio de Calcedonia, distingue espre- 
samente los dos poderes, y establece por principio que los Obispos y el 
Papa, están sujetos al Rey en lo temporal, como los Reyes deben some- 
terse por su parte á la decisión de la Iglesia en lo que pertenece propia- 
mente á la religión. 


XI. 

¡ Como se conoce, mi caro hermano Yéregui, que solo hallásteis en 
mi artículo una equivocación de fecha, respecto de la muerte de San Pe- 
dio y San Pablo acaecida el año G7 y no 69, como en mi primer artículo 
apareció! ¡Cómo batisteis palmas, mi hermano Yéregui, al descubrir que 
habíais hallado en todo mi ignorante artículo un error, y allí os aferrasteis 
con la sonrisa del triunfo, porque no necesitabais apelar al sofisma! pero 
sabed, mi querido hermano, que hay historiadores que niegan que San 
Pedro haya estado en Roma, y entonces ¿ qué haremos nosotros con nues- 
tro 67 y 69 ? apelar á la historia Romana; ella ni de Jesucristo hace men- 
ción ! ¡qué torpes historiadores en haber descuidado esos datos tan necesa- 
rios hoy para nosotros ! 

¿ Con que liorna pagana era un foco de corrupción? ¿La mas grosera 
idolatría era el objeto de los cultos de aquel pueblo, entregado á una vida vo- 
luptuosa y llena de vicios ? Mal terreno, mi hermano Yéregui, elejisteis para 
# destruir mis errores. Roma mientras fué República dió los mas grandes 
ejemplos de virtudes, de grandeza y de honestidad. Con Roma pagana de 
los Emperadores empezó la corrupción, los vicios y la voluptuosidad ; 
porque parece que presintieron que les sucederían otros hombres, con otros 
lines y con otros pretestos que les sobrepasarían : como os probaré en la 
continuación de este escrito. Os pido un poco de paciencia y aunque muy 
it la ligera, os contestaré á todo con la historia. Se conoce, y perdonadme, 
mi hermano Yéregui, que os diga, que en algunas cosas sois mas ignoran- 
te que yo. ¿Para qué traer á la memoria los vicios y la voluptuosidad de 
Roma pagana, cuando Roma cristiana ha dejado atras á todas las naciones 
desde la creación del mundo? 

Preguntad aun hoy á un romano qué vida lleva el clero de Roma ; 
prescindamos del moral Pió IX, víctima de los intrigantes. Ya os he dado 
algunas muestras de vuestros honorables pontífices, que formar* la verda- 
dera gloria del catolicismo. ¡(Qué blasfemia)! Hubo buenos, sí, y santos 
varones, dignos de todo respeto y veneración; pero la mayoría, dice la 
historia lo que fueron, y á ella recurrimos, no inventamos, señor Yéregui; 
tal vez me digáis que interpreto mal, como las palabras de San Lúeas, que 
me decís, quién me autorizó para interpretar las Santas Escrituras, que 
solo a los sabios Papas es permitido interpretarlas. ¡ Sábios Papas como 


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Alejandro VI, Sergio III, Bonifacio VII, Benedicto IX, etc., etc! ¿ Con 
que no es permitido interpretar las Santas Escrituras? Bravo, muy bien, 
mi querido hermano Yéregui. ¿ Pues cómo haré para sostener esta polémi- 
ca á que me habéis provocado ? Tendré que ir á Roma primero para que 
me esplique el Papa cómo debo interpretar lo que está escrito tan claro, 
que hasta los niños lo comprenden ; esta es otra novedad. Ya sabéis, cris- 
tianos todos, que no os es permitido in terpretar ó leer las Santas Escritu- 
ras; mi hermano Yéregui asilo manda. Con argumentos como este, bre- 
vemente me vais á convencer de mis errores. 


XII 

Mi querido hermano, me hacéis pasar de novedid en novedad. 
¿ Con que Machiavelo, amigo intimo de los Borgias, calumnia á su amigo 
Alejandro VI, y todos los demás historiadores por miedo á Machiavelo, le 
calumnia también? Infeliz victima de la mas negra calumnia, pues para 
probar que fué un santo y digno varón, debíais canonizarlo. 

Salto de párrafo en párrafo : por eso hallareis, mi querido hermano 
Yéregui, que dejo mucho por refutar y que no sigo el curso de vuestro ar- 
ticulo: los que me parecen mas preñados de errores, son á los que les doy 
preferencia; por ejemplo: en uno de ellos decís, con mucha candidez: pre- 
tendéis que hemos de vivir como los Apódales, andar á pié, «sine sacro et 
sincjicra», viviendo en catacumbas comolos primeros cristianos. Kso sí seria 
conforme al Evangcl o ¿no es verdad señor Bossí? En tal caso, los quepro- 
fesan la religión de Vd., señor Bossi, debieran ser los primeros en vender 
sus bienes, dar su producto á los pobres, y seguir á Jesu Cristo , que nos dá 
ese consejo en su Evangelio . 

Pobre hermano mió, aquí perdisteis el rumbo (disculpad el primer 
términu marino que empleo) y debeis dar gracias á Dios que no existe ya 
la Inquisición. Con ese párrafo bastaba para que fuerais á gozar de sus 
delicias, y aun así mismo no sé si os escapareis, mi hermano, de sufrir una 
tuerte reprimenda. Ya veo que tenéis razón ; no todos pueden interpretar 
las Santas Escrituras; con ese párrafo me ilumiuásteis. ¿Con que yo, 
padre de familia, con deberes sagrados para con ella, con hijos que man- 
tener y educar con el sudor de mi frente, que educo é instruyo para que 
un dia sean ciudadanos útiles á su patria, me decís que dé todo á los po- 
bres ? ¿ Y vos, sacerdote de Cristo, su fiel intérprete é imitador , con jura- 
mentos que escuso citar, que no teneis obligaciones de familia y que por 
\ uestro ministerio debeis dar el ejemplo, solo lo aconsejáis á quien no se 
dice ni intérprete, ni fiel observador de las máximas de Jesucristo ? Si me 
permitís, señor Yéregui, emplearé un término, no marino, guachesco ; os 
habéis enredado en las cuartas : dad el ejemplo. Para los pobres es el remo 
de los Cielos, los ricos no entrarán en él. Por último, tened entendido, que 
yo soy profano, no tengo hecho voto ni de pobreza ni de castidad: vosotros 
los sacerdotes, sí. 


XIII 

Respecto á que la Iglesia sea libre y soberana como repetís varias 
veces, estamos de acuerdo, mi hermano Yéregui, pero libre y soberana si 


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20 - 


queréis en vuestra casa, pero no en la mia; no os olvidéis por Dios, her- 
mano, de no hacer á otro loque no quisiérais que se os hiciese; á este res- 
poeto estamos conformes hasta con la opinión de Napoleón I que me alais; 
en la llistoire da Consulat ct de V Empire (Mr. Thiers) dice Napoleón (copio 
de vuestro escrito, hermano Yéregui), que á este Gcfe (el Papa) se le acu- 
sa de ser cstrangcro y que por e o es- preciso dar gracias á Dios . El Papa está 
fuera de París y asi está bien ; no está en Madrid ni en Viena , por eso res- 
petamos su autoridad espiritual . En Viena y Madrid puede decirse otro tanto . 

Ventura es por lo tanto que resida fuera de nuestra casa ; y nosotros 
agregaremos que Roma, capital de Italia, no es ménos que Paris, Viena y 
Madrid, y que mayor ventura sería para nosotros elijiera una de esas 
naciones que tanto se interesan en su preciosa existencia temporal y espi- 
ritual, pero se felicitan de tenerlo lejos de su pátria. 

Empleáis una porción de citas de autores cuyas doctrinas conoce- 
mos, para convencerme que el Papa precisa ser independiente. Eran inú- 
tiles, mi hermano Yéregui ; estamos en ese punto perfectamente de acuerdo, 
lo repito, solo diferenciamos en detalles; — si le ofrecieron la isla de 
Malta, debe aceptarla; allí puede fundar su reino completamente indepen- 
diente, y dejar de disputar á sus legítimos propietarios el territorio que 
un usurpador le dió ; si no le gusta la isla de Malta, hágase una propues- • 
ta á los zelandeses ; tal vez por poco dinero vendan su isla; entre todos los 
buenos cristianos como nosotros, hermano Yéregui, la pagaremos, y en- 
tonces veréis cómo se acaban esas cuestiones sempiternas de poderes. — 

Allí, en esa Isla, hay una misión digna de los soldados de la fé, — catequi- 
zar sus habitantes, que aun muchos de ellos viven en las tinieblas. 

XIV 

Si no contáis mas que con la protesta y la misericordia divina para 
recobrar nuestra Capital, nuestra carne de nuestras carnes, estamos segu- 
ros de la posesión : pero si el dinero que se recoje para el Papa (al que el 
Gobierno italiano le pasa millones para sus gastos) es para procurarse Tár- 
taros ó Turcos (que no seria la primera vez que los Papas se hubiesen alia- 
do al Turco) para venir á asesinarnos, yo el primero, aunque viejo, volaré 
á presentsr un pecho mas á los mercenarios que podáis enviarnos; y como 
italiano os declaro que primero preferiría ver reducida á cenizas la gran 
ciudad de los Césares, antes que verla otra vez en poder de los Papas ; no 
por odio á ellos, porque á nadie sé odiar, pero para que vos, hermano mió, 
y demás interesados en ello, no digáis jamás nuestra Roma católica. Si, 
repito, preferiría verla reducida á cenizas para ejemplo de las generacio- 
nes futuras, enseñándoles que es preferible un monten de ruinas, á la es- 
clavitud de un pueblo, que rechaza todo dominio estraño en sil país. 

Si habéis notado en el curso de mi artículo alguna falta de atención, 
perdonadla, pues no hay intención, solo puede ser debida á la segunda 
naturaleza del marino, como las vuestras también las considero hijas de 
vuestros hábitos clericales. En fin, como buenos hermanos, nos disculpa- 
remos mutuamente, y me amareis como os ama vuestro hermano y S. S. 

Bartolomé Bossr. 

Montevideo , Abril 3 de 1S71. 


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III 


K o tlay tarea mas difícil (jue convencer á la gente 

de solana 


Los reyes de las naciones dominan sobro 
ellos, decía Nuestro Señor á sus discípulos; pe- 
ro no debe suceder lo mismo entre nosotros. 


Luc. XXII, 25, 26. 


I 

¿ Con que otra vez los errores del Sr. Bossi ? 

Bien os lo había dicho, hermano Yeregui, en mis anteriores, que era 
vías fácil que el Papa renunciara el poder temporal , que convenceros. En 
efecto, es la tarea mas azarosa, mas mortificante y mas difícil, la de con- 
vencer á un hombre de sotana; nada hay verídico, sino lo que ellos dicen: 
la historia y las pruebas fehacientes de nada sirven, si tienen que emplear- 
se contra sus argumentos; acostumbrados á dominar esta pobre humani- 
dad con ía impostura y el terror, ya sea de la Inquisición ó del Infierno, 
persisten en sus maquinaciones y en sostener el absurdo, sin comprender 
lo ridículo de sus pretensiones y que si algún pobre de espíritu les cree, el 
resto se burla de sus ideas de dominio y de sus farsáicas pantomimas. 

Cuando el Sr. Yéregui me atacó en su primer artículo, con ese tono 
magistral, tratándome de ignorante desde el principio hasta el fin, casi, 
casi me llegó á asustar, creí tenérmelas que haber con un hombre de in- 
teligencia : por suerte mia no halló en mi contendiente, perdone la fran- 
queza, ni un buen raciocinio ; observó que el hábito del oficio ciega y 
domínala naturaleza, y se me mostró sacerdote de casta pura. 

El título de vuestro artículo y las citas que hacéis de mis palabras, 
espresan perfectamente lo que sois; cuando os faltan razones basadas en la 
justicia, apeláis á todos los medios, aun al de negar el movimiento de la 
tierra (Pobre’ Gaiileo). Yo sujeto á la decisión del pueblo, mis errores y 
vuestros sofismas; sea él nuestro juez, desde que negáis la historia. 

Por cada artículo que he escrito para refutar vuestros falsos argumen- 
tos, vos, el inteligente, la lumbrera del Papa en Montevideo, habéis nece- 
sitado de dos semanas, mientras que á mí, ignorante marino, me bastan pocas 
horas, no solamente para refutar vuestras erróneas doctrinas, sino también 
para probaros con argumentos incontestables, sacados de los primeros 
historiadores del mundo y que hallareis en el Diccionario Geográfico Uní - 

o 



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— 22 — 


versal (nueva edición por D. J. R.;; fuente la mas imparcial y verídica á 
que se puede ocurrir en estos casos. 

Faltáis á la verdad, hermano Yéregui, y eso no es propio de un sacer- 
dote, al decir que solo me he servido de romanceros y novelistas — para 
probaros los crímenes, los escándalos y la indigna usurpación de los infali • 
l)les siervos de los siervos, que cegados por la ambición y la codicia, pre- 
tendieron trasformarse en señores de los señores. 


II 

Todo vuestro palabreo y el encono que mostráis, oslo arranca el 
proceder de un rey honesto, y porque un pueblo dueño de su territorio, 
árbitro absoluto de sus destinos, ha rescatado con la sangre de tantos 
mártires, su capital; y no podiendo azotar al pueblo, descargáis toda 
vuestra furia con el magnánimo Rey, á quien hace muchos años le debeis 
tal vez la existencia de vuestro Papa; y que sin su interposición, Papa y 
poder temporal, ya hubieran desaparecido de la ciudad de los Cesares. 

¡ Que clase de cristiano sois! Si esa religión condena el robo, ¿cómo no 
os avergonzáis de seguir reclamando lo que nos habia robado un salteador 
de caminos hace muchos años para regalárselo á un papa? ¿ De qué religión 
son esos Papas ? ¿ De la de Jesu Cristo ? No puede ser. Pues es uno de los 
mandamientos de su ley, no hurtarás. ¿Una religión que autoriza el robo 
y la mala fe, es religión que los pueblos deben amar y respetar? No se 
diga que no es ella sino su abuso, la que santifica por sus interesados mi- 
nistros estas atrocidades. 

La religión para los pueblos no es la religión en abstracto, sino tal 
como la predican, practican y enseñan sus ministros. El pueblo no la ve, 
ni la lia visto jamás separada de estos abusos, y cree que por eso son atri- 
butos de la misma religión. ¿Un ministro papa, obispo, lo que sea, que 
toman y conservan la propiedad agena contra la voluntad de sus dueños, y 
confiesan y comulgan todos los dias, empleando mil morisquetas de santi- 
dad y devoción, son interpretes ó vicarios de Dios, ó son ? Os dejo 

á vos la clasificación, hermano Yéregui. ¿ Por dónde le ha venido á los Pa- 
pas el derecho de tina parte de nuestro territorio y de nuestra querida 
capital? ¿De quién son herederos ? Creo ya haber probado lo suficiente, 
que un filibustero usurpador de una corona, fue quien le hizo el regalo á 
un Papa, que á su vez le legitimó la usurpación. 

Lo mas escandaloso es, que no haya habido un Papa bastante hon- 
rado para devolver la prenda robada á su legítimo dueño. ¿Y cómo se 
atrevieron á disfrutarla por tantos años? j Sois vosotros los qúe preten- 
déis ser les maestros de la moral del pueblo en el pulpito y en el confe- 
sonario? ¿ Qué será de ese pueblo dirigido por tales maestros? ¿Cuáles 
sus costumbres y su Dios? Es fácil figurárselo. Destruido el principio 
de honradez, moralidad y honestidad, y suplantado por la autorización del 
robo, del vicio y de la corrupción, no le queda á ese pueblo mas camino 
que, ó sacudir ese yugo ignominioso, ó imitar á sus directores, pero la 
humanidad en busca de su perfección prefiere lo primero. 

Sí, prefiere la humanidad romper esas ignominiosas cadenas á tras- 
formarse en salteadores. La moral y la justicia es una sola en el mundo, 
no puede haber una para los Papas y otra para los pueblos ; esa época de 


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- 23 — 


confusión vá pasando; los pueblos al fin reconocieron sus fuerzas, sus 
derechos y sus deberes, y no está lejana la época en que destruirán para 
siempre esos restos de estúpido despotismo, que tanto degradó á la huma- 
nidad; y afirmará en su lugar las máximas de amarse los unos dios otros, 
y de no hacer á otro lo que no quieras que se te haya á tí, que desde Só- 
crates á nuestros dias han venido luchando, para arraigarse en la huma- 
nidad; pero á los intérpretes que se dicen de la Divinidad no les convenia, 
salvo cuando á ellos les podía interesar; asi se esplica como constante- 
mente se opusieron á toda idea de» progreso, de libertad y de regenera- 
ción política y religiosa. No comprendo como no agregaron al bautizar á 
un niño el abrenuncias lihcrtalí / junto con el abrenuncias Safante; asi 
hubieran sido mas consecuentes con sus doctrinas y sus aspiraciones. 

III 

Quisiera, señor Yéregui, queme dijerais, cuáles son vuestras ideas de 
moral y de justicia, al veros clasificar de conquista la recuperación de 
una prenda robada; me colocáis en una confusión tan grande, que casi me 
hacéis dudar si la virtud ha sido desterrada de este mundo. ¿Sí al robo 
mas inicuo de un mayordomo de palacio le llamáis lejítima conquista? no 
hay que dudar; los salteadores de Calabria y de Sierra Morena deben ocu- 
par el mismo lugar en vuestro calendario que pepino el breve. 

IV 

Creo inútil entrará refutar todas esas puerilidades de que VictorioEm- 
manuel jwdnft también aloyar el derecho de conquistar el continente europeo, 
porque en un tiempo formó parte del Imperio Ilomano . No dudo, que si los 
Peipus hubieran tenido alguna vez, el mas pequeño derecho, no digo 
sobre el continente europeo, pero sí, sobre el Orbe entero, hubieran pre- 
tendido mas de una vez su conquista; si con un territorio usurpado han 
sostenido una guerra de milanos, ¿qué no hubieran hecho, teniendo el 
derecho de su parte? 

Víctorio Emmanuel, intérprete fiel de los sentimientos de justicia 
que predominan en el pueblo italiano, jamás ha pretendido conquistar 
territorio que por derecho lejítimo no le pertenezca ; al contrario, queréis 
mas grande prueba de magnanimidad y de justicia que la que dio el ínclito 
Rey, dejando al pueblo Saboyano la elección entre la Francia y la Italia, 
porque el pueblo saboyano por su origen, lengua y costumbres era fran- 
cés; aunque ese territerio hubiera pertenecido por muchos siglosá la 
Italia y por las continuas sucesiones. 

Citadme, seiieres defensores del poder temporal (en casa ajena), un 
ejemplo semejante de vuestros Papas y de otros Reyes, que hayan devuelto 
generosamente, previa aceptación del pueblo, único árbitro de su territorio 
y hogar, como el que os cito del magnánimo Vittoiuo Emmanuel II, 
vuestra pesadilla y nuestro muy querido monarca. 

Nosotros no liemos pretendido jamás, sino lo que nos pertenece legí- 
timamente; y no hemos esperado se nos exijiera á la fuerza, lo que los 
pueblos no querían concedernos. 


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— 24 - 


Me citáis las palabras de Lanza, ministro de Victorio Emmanuel, en 
letras mónstruas: a II Papa non pud csser suddito di nessuno ; chi non 
¿ sovrano é suddito ; dunque bisogna accettare la sovramtá del Papa . » 
Conociendo vos mismo la insignificancia de vuestro artículo, creisteis por 
un momento que era la non plus ultra de las pruebas que podíais darme 
en apoyo de vuestras ridiculas pretensiones. 

Y preguntáis con mucha candidez : ¿ Cuál es esa soberanía ? Es muy 
fácil el esplicárosla : La soberanía espiritual . Pues Lanza no podría dar 
otra esplicacion que la que yo os doy, porque á darle otra á sus palabras,' 
hubiera debido agregar: rey de Italia, dejad vuestro trono y entre- 
gadlo AL PAPA, Ó PUEBLO ITALIANO, RENUNCIAD Á VUESTROS INCONTESTABLES 
derechos y autorizad la usurpación. Pero de la pretensión de gefe 
espiritual á serlo en el temporal en casa agena, hay una diferencia tan 
enorme, que se escapa á la comprensión humana. 

Y 

Los únicos argumentos que habéis presentado para sostener vuestra 
absurda pretensión de que Roma ha de ser de todos, menos de sus legítimos 
dueños, un niño que recien salga del Colegio no tendría que apurar mucho 
su inteligencia para refutarlos y destruirlos ; así es, que veo en vuestra 
retirada la derrota completa por falta de armas legales, para combatir en 
el terreno de lo justo, del derecho y de la razón. 

Empero, si seguís atacando nuestros derechos, nuestra nación y nues- 
tro Rey, no renunciaré aunque con pocas aptitudes áser su defensor, porque 
no me perdonaría jamás el haber dejado impunes ataques tan desleales 
como injustos. Es el deber mas sagrado de un ciudadano, defender á su 
patria, cuando es alevosamente ultrajada. 

En cada línea de vuestro artículo se notan los esfuerzos sobrehumanos 
con que habéis arrancado de vuestra inteligencia para sostener una cues- 
tión en la que no halláis donde apoyaros ; creo que cada párrafo os ha cos- 
tado muchas gotas de sudor, lo que no conviene mucho á vuestro físico, 
mi querido hermano Yéregui, por ser una tarea superior á vuestras fuer- 
zas ; quedándome el pesar de no haber visto en vuestros artículos refuta- 
do uno solo de mis párrafos. 

La audacia es un arma terrible, la que no dejais de esgrímir á falta 
de otras mas convincentes ; y no hallando otro medio para salir de la cues- 
tión á que me habéis provocado, apeláis á la retirada, dejando el campo 
al ignorante marino, que se ha atrevido á luchar con todo un ministro y 
abogado del Papa. La conclusión de vuestro artículo, al comunicarme 
vuestra retirada, perdonad, me hacéis recordar la historia de Arlequín y 
que apaleado y perseguido por su contrario en su huida , gritaba , que despechas 
do por haberle vencido le seguía apaleando ; ese infeliz olvidaba sus espalda ^ 
flageladas , para darse el título de vencedor . 


B. Bossi. 



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IV 


El clérigo Yéregui vuelve a apelar al insulto : por falta de argumentos 
y buenas razones se lanza como un desesperado á la provocación personal; 
^ , así nos prueba lo que ya dijimos en el curso de nuestros artículos, que esa 

gente de sotana son intolerantes, insolentes, y que nada respetan en la so- 
ciedad cuando hay quien se atreve á daguerrotiparlos. Nuestras ocupacio- 
nes actuales no nos permiten ser mas estensos; así es, que nos serviremos 
de su último artículo y de sus propias palabras para contestar á esa sarta de 
desatinos, que solo pueden caber en el cerebro febriciente de un hijo de 
Loyoln. 

La idea que me había formado del clérigo Yéregui de que era un far- 
darte, como lo es presé en mi primer artículo, ha venido á tener su mas 
cumplida confirmación : sil último artículo dedicado á Thompson y Cossi 
es la prueba mas fehaciente. 

Esc ilustrado sacerdote empezó su tarea insultando á una nación, & im 
rey y á todos los italianos de la manera mas injusta y calumniosa, propia, 
de los discípulos de Loyola. 

Viéndose combatido con argumentos incontestables, con testimonios 
históricos, no ya solo de historiadores imparciales sino de los mismos libros 
llamados sagrados, el clérigo Yéregui sigue la táctica digna de la causa de 
los Alejandro Vi, de los Sergios y de los Torquemadas, renovando los in- 
sultos contra una nación y un rey, que por ser demasiado clemente, ya no 
lia expulsado fuera de la Italia el escándalo de la humanidad; y sin haber re - 
futado un solo párrafo de nuestros artículos; (el por qué, bien lo sabe el se- 
1 % hor Yéregui, pues de lo imaginario, nada se puede sacar para defender una 

causa injusta) se lanza á la personalidad como mas fccil tarea para su in- 
teligencia. 

Pero no termina aquí el clérigo Yéregui ; ha continuado, sin cuidarse 
de contestar á los argumentos y documentos históricos con que hemos pro- 
bado el justísimo derecho que asiste á la Italia para posesionarse de su ca- 
pital usurpada por un bellaco Galo, y regalada á otro, Papa; sin acordarnos 
de ios estupendos disparates que liemos hecho resaltar en sus elucubraciones, 
por ejemplo, aquello de que Quiere usted, señor Bossi, que hemos de vivir como 
los Aposto 1 es, andar d p : e, sine saco el sino pera, viviendo en catacumbas como 
los primeros cristianos ; y otras barbaridades por el estilo: allí teueis al humil- 
de sacerdote que se avergüenza de caminar ¡í pié como los Apóstoles ( San 
Mateo, párrafo 34). Raza de vivaras , ¿cómo podéis hablar cosas buenas siendo 
malo si porque de la abundancia del corazón habla la boca . 

Nosotros le precisamos al aceptar la cuestión, diciéndole como era ra- 
zonable que apeláramos al pueblo como Juez, para que decidiera quien se 
había apartado de la verdad histórica. El clérigo Yéregui, ni por entendido 

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— 2C — 


se dió de esta propuesta ; pensó mejor apelar al insulto: al efecto halló el 
i-nedio, poniéndonos en parangón con uno de sus cólegas. 

Pobre Yéregui ! delira : en vano busca cómo hacernos morder el anzue 
lo colocándonos en la misma categoría de su cólega el señor Tompsou, y 
cree, que con acumular insultos personales y groseros ataques «ontra quien 
debe respetar todo hombre de conciencia y honradez, se venga de las ver- 
dades incontestables que le dirigimos. 

ios insultos á nada conducen; al efecto, desde nuestro segundo artí- 
culo se lo deciamos; mas, agregábamos, no provoque ni marino porque puede 
devolvérselos con usura; pues el clérigo Yéregui no prestó atención al aviso ; 
empleó la única arma de las malas causas ; asi es que no debe quejarse, si 
sembró vientos y recoje tempestades. Empeñado en llevarnos áese terreno, 
veremos quien tendrá que arrepentirse : si el imprudente sacerdote ó el 
malino provocado. Hasta hoy nos hemos limitado á probar la usurpación de 
nuestro territorio, de nuestra capital por los Papas, sin apartarnos en nada de 
la historia. El clérigo Yéregui no coutcnto con haber promovido el escándalo, 
llévala cuestiónala personalidad; pues también la aceptamos en ese terreno. 

Estoy mas que persuadido, que apelareis á vuestra vieja táctica de gri- 
tar contra el impío, y que confundiréis vuestra personalidad con la divinidad, 
pero ya os lie advertido que nada conseguiréis, porque son demasiado co • 
nocidos y gastados osos medios; ya nadie os. cree y respeta ; al contrario, 
sois considerados como los mayores zánganos de la humanidad ; vuestro 
modo de vivir, vuestra intolerancia y vuestra codicia, os han colocado abajo 
de todas las clases de la sociedad, como os probaré en adelante si tenéis un 
poco de pacieucia para esperar; no me serviré de tipos desconocidos, por- 
que no se me diga que invento historias. ¡Y para qué recurrir á otra parte! 
donde quiera que existen cólegas vuestros, hay pruebas fehacientes de 
vuestras hazañas y de lo que sois capaces. 

El marinero, es verdad, clérigo Yéregui, que tiene que sudar para ga- 
nar el sustento de su familia : los zánganos de los pueblos, los corrompidos 
apóstoles de la hipocresía, no saben sudar jamás, también es verdad, porque 
viven dei sudor ageno; y sino fuera masque vivir del sudor ngeno, se les 
podría perdonar; pero en esos parásitos hay algo mas; no solamente absori 
ben la savia agena, sino que mas de lina vez se hacen diferios de una parte 
del árbol, debiendo el ti onco proveer ü todo y hasta á sus propios r otoños; asi 
es que no esestrañr, que no suden jamás como el marinero, desde que haya 
desgraciados que suden por ellos; y esta es la historia cou pocas escepcio- 
nes de los que se dicen intérpretes de Dios ; este solo título basta para juz- 
gar el grado de esplotacion á que ha llegado vuestro grémio coa el pobre, 
que gana la vida con su sudor, y no con el ageno, como los parásitos del gé- 
nero humano. 

Pedimos disculpa á nuestros lectores si hallan en nuestro artículo un 
lenguaje distinto del que habíamos empleado hasta ahora : la audacia y los in- 
sultos personales que nos dirije el crférigo Yéregui, nos colocan en la posi- 
ción de no guardar consideración á quien no Ja observa con nosotros. En 
todos nuestros artícluos hemos guardado la cicrunspecion debida por el 
respeto que nos merece el público y nuestra propia dignidad ; asi es que no 
hacemos mas que defendernos de la insensata y personal provocación que 
nos dirige, el que debiera dar el ejemplo de moderación y respeto por los 
hábitos que reviste y el deber que le impone su propia posición. 

Abril 27. B. Bossi. 


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Cuestión de las tiestas italianas* 


Nos complace ver que el Sr. Presidente de la Comisión se digne 
hacernos saber que en vista de las proporciones que asumió la calamidad que 
hiere la colonia italiana de Buenos Aires , reformaron su programa, desti- 
nando la tercera parte del producto de la función del Teatro y del hade de be- 
neficencia, d las familias de los que han salo víctimas de la epidemia reinante . 

Disculpe el Sr. Presidente de la Comisión ; pero es poco acertada la. 
resolución de dedicar la tercera parte del producto del baile y de la función 
del Teatro. Vds. deben mandar ya, y á la mayor brevedad la cantidad que 
destinen á ese objeto; asi es cómo se procede ante la necesidad, y sobre 
todo cuando se trata de salvar las vidas y evitar miserias que matan como 
la epidemia. 

Aun una vez repetiré á los italianos, que los fondos recolectados ya 
y los que se recolectaren en adelante, sean enviados en parte para distri- 
buirlos ; la miseria no admite espera ; este es el momento oportuno para 
aliviar las desgracias de tantas victimas que nos pertenecen : ellos son her- 
manos nuestros, y es de nuestro deber socorrerlos. 

No habiendo sido aceptada mi primera idea, propongo una segunda 
para conmemorar el hecho mas grande de nuestra historia moderna, la 
supresión del poder temporal y la vuelta á la patria de su Roma capital. 

Trabajemos todos para que las colonias del Plata unidas, levanten un 
monumento digno de ellas y de la patria en la capital reconquistada ; de- 
jemos un recuerdo imperecedero á las futuras generaciones, de que los 
italianos en lejanas tierras no olvidaban en sus sufrimientos como en sus 
glorias la madre patria ; y que cada estrangero que visite á Roma, halle al 
lado de esos monumentos, modelo de arquitectura y buen gusto, uno rus- 
tico, pero costeado por los hijos de esa tierra clasica, que se hallaban eri 
ese nuevo mundo descubierto por Colon. ¡ Con qué orgullo nuestros pro- 
pios compatriotas y nuestros descendientes visitarán ese recuerdo de los 
ausentes, ese símbolo de unión y fraternidad, y de patriótico ejemplo! 

% [Iabrá alguien que se oponga ácsta idea? No lo creo posible ; todo 
el que le corre sangre italiana en sus venas se unirá, estoy cierto & mi idea, 
porque será el mejor modo de festejar un acontecimiento tan grandioso 
corno notable. 

¿Será posible que se prefiera gastar en pólvora y nimiedades, á per^ 
petuar un recuerdo tan grato á los italianos? No ; no es posible. 


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— 28 — 


Al contrario, espero una adhesión completa á mi pensamiento. 

Para esto creo debe citarse á una reunión pública á toda la colonia 
italiana establecida en la República Oriental y proponerle lo siguiente : 

1? Declarar que los fondos recolectados y los que se recolecten 
actualmente, serán destinados una parte á socorrer las familias de las 
víctimas de la epidemia reinante en Buenos Aires. 

2? Manifestarles la idea mas arriba espresada, de levantar un monu- 
mento en Roma, como recuerdo de los Italianos residentes en el Rio de 
Ja Plata. 

3? Que esa reunión nombre una Comisión para que esta invite las 
colonias italianas de la República Argentina y Paraguay, a fin de unirse 
ála nuestra para costear un monumento digno de la patria y de nosotros. 

4? Fijar la cuota individual al alcance de todos y registrar el nombre 
de todos los contribuyentes, para que ese registro sea colocado en la base 
del monumento. 

5? Para que esa misma reunión, nombre ena comisión central de so- 
corros, la que deberá ser cambiada anualmente á elección popular: asi 
habrá siempre un centro y una dirección pronta á tomar disposiciones en 
caso de epidemia ú otras calamidades. 

Al concluir esta esposiciou de mis ideas, leo en El S'glo un aviso de 
la Legación Italiana invitando á todos los italianos residentes en esta 
para socorrer á nuestros desgraciados hermanos de Buenos Aires. 

Muy bien, Sr. Encargado de Negocios; asi es cómo probáis ser hom- 
bre de sentimientos humanitarios, y cumplidor de vuestro deber como 
autoridad. 

Señor Raffo, habéis dado un paso que os honra y los italianos deben 
probaros, en cuanto aprecian vuestra conducta, con ir todos sin esccpcion 
á dar su óbolo para un destino tan noble como santo. 

Fiel interprete de un sinnúmero de nuestros compatriotas, os feli- 
cito; y en nombre de ellos, os declaro que nos sentimos orgullosos de 
que seáis el representante de nuestra patria. 

Al mismo tiempo, veo en el mismo periódico, que setenta y tantos 
italianos invitan á la Colonia á una reunión, para nombrar á una Comi- 
sión recaudadora y poder socorrer con la brevedad posible los desgracia- 
dos deudos de las victimas en Buenos Aires. 

Así es cómo debe procederse en estos casos, llamando á todos para 
nombrar la Comisión ó Comisiones que deben dar dirección á la idea ini- 
ciada. Este es el único camino para satisfacción de todos los contri- 
buyentes. 

Habiendo sido invitado particularmente asistí á esa reunión y me fe- 
licito de ello, por haber hallado en todos los asistentes la mejor disposi- 
ción para coadyuvar á la idea filantrópica. Yo espero, que reunidas am- 
bas Comisiones, darán mayor impulso á los que se proponen aliviar la 
miseria y festejarla instalación de la Capital. 

No puede haber desunión cuando se armonizan los distintos ele- 
mentos y cuando el pensamiento proyectado es apoyado por todos; puede 
haber desinteligencias en las fórmulas, pero esto es muy trivial, ante la 
grandiosidad de la idea; así, es de esperar, que la colonia italiana dará 
•una prueba de patriotismo y anhelo por la unión de todos, dejando á un 
lado ciertas pequeneces que solo conducen al descrédito. 

Hoy no debe haber en los italianos mas que un deseo, y es el de pro- 


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pender todos á la caridad ; y á lo que decida la mayoría, cómo y cuándo 
se debe festejar 6 conmemorar el gran din de la instalación de la Capital 
italiana. 

Algunos espíritus mal intencionados han pretendido ver en mi mani- 
fiesto álos italianos, un motivo de discordia entre la colonia ; rechazo com- 
pletamente la gratuita suposición, y declaro que deseo la unión de mis 
compatriotas como la de mi propia familia ; y que nada de este mundo 
podrá jamás hacerme posponer la concordia que deseo reine y exista en 
ella. 

Para evitar que se me puedan atribuir miras que no están en mis há- 
bitos, no ocuparé mas á la prensa respecto á este asunto, declarando á mis 
compatriotas que me asociaré á todo lo que disponga la mayoría. 

B. Bossr. 





8 


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Montevideo, 8 Aprile 1871. , 


VI 


Sig. Bartolomé© Bossi. 

Preg® Amico, 

Favorito di alcuni giornali italiani trovo una corrispondenza di 
New-York, data 11 Febbrajo scorso, che parla di un « Meeting » abil- 
mente preparato da quella Colonia italiana per dar per térra cogl’in- 
trighi che preparavano in quella cittá i clericáli. 

All’occasione che Ella enérgicamente ha impúgnate con tanto in- 
gegno la nostra difesa contro chi osó insultare publicamente il nostro Ré 
e l’intiera Nazione, ho creduto lo leggerá volontieri per cui mi permetto 
accompagnarglielo. 

Se mi sará dato avere i numeri successivi che riprodurranno i brindis! 
ed allocuzioni pronunciate da quei grandi uomini in tale occasione in 
onore dell’Italia, mi faró un dovere di farglieli avere appena ricevuti. 

Anch’io sono curioso di leggerli con quella soddisfazione che la Co- 
lonia intera qui legge la diífesa che Ella si propone continuare nei gior- 
nali, assocciandosi connoi una gran parte del che sopra ogni negozio. . . 

non dimentica dove é nato e conserva un cuore italiano. 

La prego a scusarmi se mi rendo forse molesto come a credermi 
S. D. S. ed amico 

N. N. 


SeSor don N. N. 

Distinguido amigo : 

En medio de este indiferentismo, una voz amiga viene á darme alien- 
to : mil gracias por los buenos conceptos que ha formado de mi poco 
valer. 

Los gratuitos insultes á nuestra pátria, á nuestro Bey y & nosotros to- 
dos en general, que nos ha dirijido El Mensagero del Pueblo, me hicieron 
ocurrir á la prensa para rechazar tan bruscos ataques ; ellos eran de tal 
naturaleza, que no se podían dejar impunes. 


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- 31 - 


Cuente, amigo, que combatiré por nuestros derechos hasta donde al- 
cancen mis fuerzas, y si en esta contienda llegára á ser vencido, no será 
por haber sostenido una causa injusta, sino por mi insuficiencia, pero 
habré cumplido como italiano con mi deber. 

Le agradezco la remesa del diario y es pero que hará efectiva su 
promesa. 

Con este motivo saluda a Vd. su amigo y S. S. 

B. Bossi. 

Su casa, Abril 8 de 1871. 


Italianos, 

También en los Estados Unidos, el clero, nuestro enemigo capital 
(hablo del clero fanático, porque en él los hay muy dignos y patrióticos), 
puso en ejercicio todos sus elementos y el resto de su poder, para crear 
dificultades, provocar animosidades contra el gobierno italiano, soñando 
siempre con la restauración del poder temporal del Papa ; no solamente 
se limitó á esto, sino que pretendió inutilizar la reunión de la colonia ita- 
liana, para festejar el grande acontecimiento de la unidad de la Italia. 

El dia 6 de Enero del corriente año, los principales diarios de Nueva 
York publicaban una invitación, á un meeting público para el 12, con el 
objeto de celebrar la realización de la unidad de la Italia, la ocupación 
de Roma, capital de la Nación, y la declaración de hecho de la libertad 
civil y religiosa en toda la península. 

En la tierra clásica de libertad y tolerancia, contando con los faná- 
ticos irlandeses, creyeron los clericales poder ahogar el sentimiento pú- 
blico de simpatia que nos profesan los norte-americanos. Pero á la sola 
amenaza de esa turba de fanáticos, que aun sueñan con el dominio uni- 
versal, la colonia italiana de Nueva- York se levantó como un solo hom- 
bre ; y los hombres mas notables de los Estados-Unidos, Presidente del 
Senado, Ministros Secretarios, Senadores, Diputados, Gobernadores de 
varios Estados, Presidentes de las Universidades, representantes de varias 
iglesias, literatos, abogados, profesores, banqueros, comerciantes y ciuda- 
danos de los mas influyentes, todos, todos tomaron parte en la gran demos- 
tración y felicitaron con discursos entusiastas al gobierno italiano, por 
haber puesto término al gobierno papal, al que los americanos llama- 
ban él escándalo de la civilización . 

Compatriotas, he vivido en aquella colonia algún tiempo, conozco el es- 
píritu de ella, he asistido á algunas de las fiestas pátrias que allí se con- 
memoran, y aunque divididos en sus opiniones políticas, como en todas 
partes del mundo, cuando se trató de una fiesta patriótica, no ha habido 
allí mas que italianos : un solo sentimiento, un solo deseo ha predominado 
entre ellos: la gloria y la grandeza de la pátria común ; se ha vivado al 
Rey « galantuomo, » como se ha vivado al ínclito Garibaldi; allí, no se 
conocen esas rencillas que conducen al descrédito; allí, no hay nadie que 
se considere de casta privilegiada; allí, no se procede por lo que dispongan 
unos cuanto»; allí, se ejecuta lo que la colonia en masa decide. 


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Ese meeting dé los italianos en Nueva York, hará época ; los mismos 
americanos, confiesan que en ese país clásico para las demostraciones po- 
líticas, no han presenciado jamás una igual á la del 12 de Enero para honrar 
á la Italia, y defenderla de los ataques desleales de la secta clerical. En- 
viémosles, pues, un hurrah á nuestros hermanos de los Estados-Unidos; un 
hurrah de corazón, como leales italianos, para que su eco llegue hasta ellos y 
repercuta hasta los confínes del mundo, porque en él vá el espíritu de un 
pueblo heróico y libre, que ha roto las cadenas del despotismo que le opri- 
mia, y que al trozarlas, han quedado fragmentadas — signo de la libertad 
del mundo: ya en él no cabe el despotismo ; el porvenir es nuestro. 

Con este bello ejemplo de nuestros hermanos de los Estados -Unidos, 
os pido, compatriotas, unión, unión para que nosotros también en ese 
banquete universal al que los pueblos libres se convidan, para festejar la 
caida del poder temporal del Papa, podamos también hacer oir nuestra 
voz ; ochenta mil italianos, que forman la colonia del Rio de la Plata, bien 
tienen derecho á ello ; y precisamos de la unión para confundir y anonadar 
á esos imprudentes que provocan la ira de los pueblos que es la de Dios. 
Si ; porque no es solo al pueblo italiano al que insultan ; es á todos los 
hombres libres de la tierra, y sino, que consulten á toda esta inteligente 
juventud oriental y argentina, y todos á una, no tememos nos desmien- 
tan, manifestarán su indignación contra ese clero intolerante que nada 
respeta en el órden social para conseguir sus fines 6 saciar sus venganzas. 
Esa juventud participa de nuestro regocijo y se une á nosotros enlas de- 
mostraciones, porque ellos aman la libertad, odian el despotismo y saben 
que « hay épocas en la historia del género humano en que las ramas secas 
caen del árbol de la humanidad, y en que las instituciones envejecidas, 
se doblegan de por sí mismas, para dejar lugar á otra sávia y & institucio- 
nes que renueven los pueblos, rejuveneciendo las ideas. » 

La caida de ese poder usurpado á un pueblo, cuna de la civilización 
moderna, es un hecho que .arrastra consigo un antiguo mundo en su caída 
y da su nombre á una nueva civilización. La antigüedad está llena de esas 
trasformaciones, de las que solo se ven los restos en los monumentos y en 
la historia. 

La Revolución francesa, primer sacudimiento de la humanidad en 
busca de su libertad y de sus derechos, preparó el camino ; pero «Ha no 
bastó, porque aun dejaba en pié la fuente de todo despotismo. Si con la 

S romuígacion de los derechos del hombre, hubiera auxiliado la Italia para 
errocar ese trono y ó esos tiranuelos aliados del Papa-Rey, en lugar de 
enviar á un ambicioso coronado por la fortuna, para oprimir á los pueblos: 
ya el mundo hubiera sufrido un cámbio radical en sus instituciones, y tal 
vez no habríamos presenciado la espantosa carnicería de un pueblo her- 
mano. 

El espíritu filosófico que hace siglos se habia sublevado contra una 
doctrina, que los escándalos, la tiranía y los crímenes de dos poderes de- 
mostraban dia por dia, no quiso reconocer un título divino en los poderes, 
que niegan la razón y la moral y que avasallan á los pueblos. Inútiles fueron 
los calabozos, los suplicios, las inquisiciones y las hogueras : podían estas 
intimidar al raciocinio, pero jamás destruir la idea de emancipación y li- 
bertad contra ese carcomido poder, que para escarnio de la humanidad 
pretendía ser rey y ministro de una religión de paz y fraternidad. 


- 33 — 


Dios está visible en las cosas humanas : no hay que dudarlo ; ¿ quién 
hubiera pensado jamás que surgiría la nueva Italia con su Roma capital, 
cuando quedaría rendida por las huéstes germánicas la potente Galia, au- 
tora principal de nuestra decadencia, de nuestras divisiones y de nuestros 
sufrimientos? Ellafué quien destrozó la pátria de los Escipiones, auxilia- 
da por un ambicioso Papa, que en premio recibia una parte del botín y el 
título de rey. La misma que constantemente se opuso á la emancipación y 
á la unidad de la Italia. 

Dios, condolido de nuestros martirios, de la sangre de tantas víctimas 
inmoladas á la ambición y á la codicia de esos déspotas sagrados, reservó 
para nuestra generación este hecho culminante, que dejó atónitos á los que 
se creían invencibles con las armas del fanatismo; y aun conociendo, que 
lo realizado es porque asi Dios lo dispuso, no se dan por vencidos. En lu- 
gar de enmendarse para tratar deadquirir la estimación de la humanidad 
que tanto han ultrajado, perseveran en el error, y tratan de ensangrentar 
de nuevo al mundo, para saciar su sed de mando y de poder. 

¡ Compatriotas ! 

Sírvanos de ejemplo esa unión de los italianos de Nueva-York ; 
no es con estar desacreditándose unos á otros cómo se prueb a el pa- 
triotismo y se sostienen las grandes ideas ; es menester imitar á esa 
colonia inferior en número, pero superior en patriotismo, sin que podamos 
ofendernos; echemos á un lado al intrigante que propende á suscitar dis- 
cordias y á fomentar la desunión; seamos dignos del nombre que llevamos, 
para que se nos estime y se nos respete. 

cómo festejar la unidad de la Italia con italianos desunidos ! ¿qué 
se proponen esas diferentes comisiones, como si estuviéramos en la época 
de Güelfos y Gibelinos ? Declaremos agente de nuestros enemigos al que 
se atreva á provocar la discordia, y no se someta á la decisión de la ma- 
yoría de la colonia ; despreciémosle para acatar de una vez para siempre 
con ese modo de ser que nos coloca en la mas ridicula posición ; invóque- 
se el nombre de la pátria, é invítese á un meeting á toda la colonia italiana 
y á todos los hombres distinguidos del país que simpaticen con nuestra 
causa; necesitamos del concurso de todos I09 hombres libres del mundo, 

S ara combatir con las armas del derecho y de la razón al enemigo capital 
e la grandeza de nuestra pátria y de todos los pueblos libres. 

Si mi débil voz hallára eco en vuestros corazones, quedarán satisfechos 
los deseos y aspiraciones de vuestro compatriota y amigo 

B. Bossi. 



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